Opinión
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Subdirector Editorial - Sergio Guillén Fernández
Director General - Eduardo Sánchez Mací­as
Miércoles 25 de Abril, 2018

Panoramas de Reflexión

Luis Humberto

 

 

La hipocresía

 

            La hipocresía genera apariencia, crea un mundo irreal, proyecta una imagen alejada de la realidad. La gente que se oculta tras ella es falsa, subestima y discrimina, es egocéntrica y rencorosa. Manifiesta desplantes intempestivos que surgen en apariencia de la nada en sus relaciones sociales, pero no con todos se comportan igual. Son personas calculadoras, y constantemente evalúan el terreno que están pisando. Creen que los demás no lo notan y cuando lo perciben, refuerzan aún más su conducta melosa. Es un modo de ser, un estilo de vida muy común en los días que estamos viviendo. La sociedad en general los acepta y la prudencia los reprime y evita.

 

            El fingimiento de sentimientos o cualidades contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan, es hipocresía y es también una falta de cortesía. Insisto, la vida diaria en sociedad está plagada de personas con estas características, que prácticamente las observamos como unas más que le apuestan a la falsedad y la ficción con disimulo y astucia. Encajan perfectamente en la ignorancia, el analfabetismo y la inopia de abundantes grupos sociales, para asegurar el allegamiento de clientelismo suficiente que les ateste de sumisión y servicio. En pocas palabras, para reafirmar el seguimiento de sus “borregos”, con el debido respeto a esos generosos animales, para satisfacer así su vasto egocentrismo. La hipocresía es la actitud constante o esporádica de fingir creencias, opiniones, virtudes, sentimientos, cualidades, o estándares que no se tienen o no se siguen. La hipocresía en si es un tipo de mentira o pantalla de reputación. Puede venir del deseo de esconder de los demás motivos reales, o sentimientos. No es simplemente la inconsistencia entre aquello que se defiende y aquello que se hace. Es decir, una persona hipócrita, es aquella que pretende que se vea la grandeza y bondad que construye con apariencias sobre sí misma, propagándose como ejemplo y pretendiendo o pidiendo que se actúe de la misma forma, además de que se glorifique su accionar, aunque sus fines y logros están alejados a la realidad. En muchos idiomas un hipócrita es alguien que esconde sus intenciones y verdadera personalidad. La palabra hipócrita proviene del latín tardío hypocrisis y del griego hypokrisis, que significan "actuar", "fingir" o "una respuesta". También se puede entender como viniendo del griego hypo que significa "máscara" y crytes que significa "respuesta", por lo que la palabra significaría "responder con máscaras". Con el advenimiento de la sociedad de la información, la hipocresía ha venido a ser un conjunto de reglas para moverse en el mundo. Aquí se debe destacar la naturaleza del conjunto de reglas, que oscilan entre lo permitido y lo prohibido, así como la capacidad de moverse en el mundo, reconociendo los contenidos simbólicos del mismo. La hipocresía consta de dos operaciones, a través de las cuales se manifiesta en los modos simple y combinado: la simulación y el disimulo. La simulación consiste en mostrar lo que se desea, en tanto que el disimulo oculta lo que no se quiere mostrar. Para el lingüista y analista social Noam Chomsky, la hipocresía, definida como la negativa a "...aplicar en nosotros mismos los mismos valores que aplicamos en otros", es uno de los males centrales de nuestra sociedad que promueve injusticias como la guerra y las desigualdades sociales, en un marco de autoengaño que incluye la noción de que la hipocresía por sí misma es una parte necesaria o benéfica del comportamiento humano y la sociedad.

 

            Desde cualquier punto de vista en el que se analice el término, para mí la hipocresía es como decía el filósofo griego Aristóteles: “No se puede ser y no ser algo al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto”, sin embargo en la sociedad seguimos empecinados en serlo. Es una verdadera frustración puesto que la empleamos siempre para tratar de engañarnos a nosotros mismos, más que para engañar a otros, parafraseando el pensamiento de Jaime Luciano Balmes, filósofo y sacerdote español de principios del siglo XIX. Procuremos anteponer siempre la sinceridad de pensamiento y acción, antes que tratar de engañarnos a nosotros mismos. ¿No lo cree usted así amigo lector? Piénselo un poco. Que tenga un buen día.

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