Opinión
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Subdirector Editorial - Sergio Guillén Fernández
Director General - Eduardo Sánchez Mací­as
Domingo 22 de Abril, 2018

Panoramas de Reflexión

Luis Humberto

 

 

El poder y el dinero

 

            Parece que los cotos, o límites, de poder de cada ser humano resultan mucho más importantes que el dinero mismo. Y no lo parece, es más importante. Como parte de sus necesidades superiores el ser humano también necesita la permanencia a un grupo social. Necesita de reconocimiento grupal.

 

            Satisfecha esta necesidad, se requiere escalar en ella, surgiendo así los líderes grupales. En la medida en que se ha satisfecho la necesidad económica, el siguiente paso es la obtención de poder, o si se puede, también en forma simultánea. Aunque en la mayoría de los casos el poder pareciera que viniera de la mano con el dinero, puede llegar de muy diversas maneras, dependiendo de la verdadera personalidad de un individuo. El poder en sí no es una facultad negativa del hombre, pero pende de un hilo muy delgado para que el individuo que lo posea caiga en las garras de los vicios más mezquinos que también se dan en los seres humanos. El poder genera muchos beneficios en quien lo posee y pueden extenderse a sus allegados. Tales como la conservación de verdaderos valores morales, y la alta conciencia altruista para con los demás, la vida y el medioambiente. Sin embargo, también genera demasiadas calamidades. La ambición, la envidia, el egoísmo, el ego o exceso de autoestima, el rencor, el odio, son sólo algunas que pueden manifestarse en un individuo dotado de poder. Al igual que en todos los demás. Otras calamidades, muy comunes y poco conocidas son el clientelismo y la prevaricación. El clientelismo es un sistema de protección y amparo que generan los ricos y poderosos para patrocinar a todos aquellos que se acogen a ellos a cambio de su sumisión, de su respeto y de sus servicios. La prevaricación es un delito que puede derivar del primero, cuando autoridades, jueces o funcionarios rinden sumisión y servicios a los ricos y poderosos, dictando sentencias o resoluciones injustas a sabiendas de lo contrario sobre personas o empresas a quien éstos pretenden perjudicar.

 

            Insisto, el poder no es malo, es necesario pero aplicado con estricto apego a la generosidad, a la humildad, al amor fraternal, a la paz social, al amor por la tierra, por el medioambiente; y evaluando siempre los alcances y consecuencias negativas de las decisiones que se tomen como producto del poder, apelando siempre a lo positivo o al menor daño posible de las personas o cosas sobre las que recaigan tales decisiones. Si usted tiene un coto de poder sobre sus familiares, amigos, alumnos o empleados, piense siempre en esto. Es menester recordar siempre que en la mayoría de las veces, el poder no es eterno y que como decía Nicolás Maquiavelo, un historiador y político italiano del siglo XVI. “La naturaleza de los hombres soberbios y viles es mostrarse insolentes en la prosperidad y abyectos y humildes en la adversidad”, no seamos de esos cuando estemos “arriba”, sino humildes siempre. ¿No lo cree usted así amigo lector? Píenselo un poco. Que tenga un buen día.

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