Opinión
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Subdirector Editorial - Sergio Guillén Fernández
Director General - Eduardo Sánchez Mací­as
Jueves 23 de Noviembre, 2017

Panoramas de Reflexión

Luis Humberto

 

De vuelta con el campo

(Primera de dos partes)

 

            El aumento de la población mundial, junto con la demanda de espacios habitacionales, obras de infraestructura, bienes de consumo y, por supuesto, de alimentos, ha incidido en la transformación de los ecosistemas y generalizado la utilización de hábitats naturales para diversas actividades productivas. Nos estamos acabando muy lenta y paulatinamente las tierras de cultivo y me pregunto yo, después ¿dónde vamos a sembrar para satisfacer la creciente demanda de alimentos que exige la población mundial?

 

            La ONU advierte que la población mundial aumentará para el 2050 a más de 9 mil millones de habitantes todos demandantes de alimentos, lo cual implica un amenazante reto a los entornos rurales y su biodiversidad. Por ello, se requieren contrapesos estratégicos que ofrezcan más y mejores alimentos, pero también la protección del medio ambiente y su biodiversidad. La biodiversidad, esa formidable variación de formas de vida en un ecosistema dado, es vital para un entorno saludable y para la adaptación al cambio climático. También juega un papel clave en la agricultura, pues desde su creación, las plantas de cultivo han sido mejoradas mediante la diversidad genética presente en plantas salvajes y domésticas. Para generar logros agrícolas y fortalecer a las economías mundiales en producción de alimentos y el cuidado del medio ambiente, es indispensable modernizar los procesos productivos básicos, el empleo de tecnologías integrales que generen mejores cultivos, y fomentar estructuras sanas de suelo, así como el absoluto compromiso con la biodiversidad y el medio ambiente. La biodiversidad agrícola juega un papel fundamental. México cuenta con un gran potencial agrícola para llegar a ser el líder agrícola de la región y cuidar a la vez la amplia diversidad de cultivos. Es esencial proteger la biodiversidad mientras aumentamos la producción agrícola para cumplir con la demanda mundial de alimentos, fibra y combustible. Integrar tecnologías mejora los rendimientos y permite a los agricultores producir más alimentos por hectárea, reduciendo la expansión de tierra cultivable existente y la huella agrícola. La agricultura impacta en la diversidad por ello debe invertirse en la investigación y desarrollo de prácticas innovadoras que mejoren la producción, conservando la biodiversidad, como el manejo integrado de cultivos. Este reto implica tanto políticas públicas como la voluntad y la colaboración público-privada de preservación del medio ambiente y biodiversidad de todos los habitantes de este planeta, quienes requerimos más y mejores alimentos cada día. Pero si no tenemos cuidado en preservar el medioambiente, y por ende, la biodiversidad, la agricultura misma podría destruir nuestro planeta acabando con nosotros. Un poco de lectura en algunas revistas acerca de acertadas investigaciones agrícolas, me permitió encontrar algo de información al respecto que puede servirnos. Veamos pues lo que encontré: “N” es el símbolo químico de Nitrógeno, su número atómico, siete. Desapercibido e insípido, sin embargo, llena nuestros estómagos. El nitrógeno es pues el motor de la agricultura, la clave de la abundancia en nuestro mundo hambriento y sobrepoblado. Sin este elemento la maquinaria de la fotosíntesis no podría funcionar, no se producirían proteínas y las plantas no crecerían.

 

            Cultivos como el maíz, el trigo y el arroz, las cosechas de crecimiento rápido de las que la humanidad depende para sobrevivir, se encuentran entre las plantas más ávidas de nitrógeno. De hecho, demandan más de lo que la naturaleza les puede proporcionar. Pero eso lo dejo para después, por lo pronto. Que tenga un buen día.

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