Opinión
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Subdirector Editorial - Sergio Guillén Fernández
Director General - Eduardo Sánchez Mací­as
Domingo 10 de Diciembre, 2017

Panoramas de Reflexión

Luis Humberto

 

 

La isla de los sentimientos

 

            “Había una vez una isla, en la que vivían todos los sentimientos y valores del hombre: el buen humor, la tristeza, la sabiduría, como también todos los demás, incluso el amor. Un día se anunció a los sentimientos que la isla estaba por hundirse. Entonces todos prepararon sus barcos y partieron. Únicamente el amor se quedó esperando solo, hasta el último momento.

 

            Cuando la isla estuvo a punto de hundirse, el amor decidió pedir ayuda. La riqueza pasó cerca del amor en una barca lujosísima y el amor le dijo: "Riqueza, ¿me puedes llevar contigo?”. “No puedo porque tengo mucho oro y plata dentro de mi barca y no hay lugar para ti”. Entonces el amor decidió pedirle ayuda al orgullo que estaba pasando en una magnifica barca, “Orgullo te ruego, ¿puedes llevarme contigo?”. “No puedo llevarte Amor, aquí todo es perfecto, podrías arruinar mi barca”, respondió el orgullo. Entonces el amor dijo a la tristeza que se estaba acercando: “Tristeza te lo pido, déjame ir contigo”. “Oh Amor” le respondió la tristeza, “Estoy tan triste que necesito estar sola”. Luego el buen humor pasó frente al amor; pero estaba tan contento que no sintió que lo estaban llamando. De repente una voz dijo: “Ven Amor, te llevo conmigo”. Era un viejo el que lo había llamado. E1 amor se sintió tan contento y lleno de gozo que se olvidó de preguntar el nombre al viejo. Cuando llegó a tierra firme, el viejo se fue. El amor se dio cuenta de cuánto le debía y le preguntó al Saber: “Saber, ¿puedes decirme quién me ayudó?”. “Ha sido el Tiempo”, respondió el Saber. “¿El tiempo?, se preguntó el amor, “¿Por qué será que el Tiempo me ha ayudado?”. El Saber lleno de sabiduría respondió: “Porque sólo el tiempo es capaz de comprender cuán importante es el amor en la vida”.

 

            Esta metáfora nos enseña que no es posible asimilar la vida sin amor. Sin amor no hay vida. Hasta el ser más despreciable, abyecto, ruin y miserable necesita del amor para continuar existiendo. La vida misma nace del amor en su máxima expresión que es Dios mismo, así es que todos tenemos el deber moral de prodigar amor a todos nuestros hermanos y a todas las demás especies que habitan y comparten el planeta con nosotros, nuestra casa común, El odio, la codicia, la ambición, la soberbia, el orgullo, la maldad, son bajas pasiones todas que, éstas y otras más, deberían estar erradicadas por completo de nuestra ajetreada existencia; sin embargo, no podemos porque todavía no alcanzarnos a evolucionar lo suficiente para darnos perfecta cuenta que con el tiempo sólo nos han traído más penas y amarguras, tristeza y dolor, que dichas, alegría y felicidad. Quienes han detentado su fortuna y poder, fundados en un sistema que alienta la corrupción, el tráfico de influencias, el clientelismo y otras mezquinas acciones afines; efectivamente, gozan de los placeres que brindan la comodidad y las riquezas, pero en perjuicio de una sociedad pasiva, dormida en el marasmo de su ignorancia que fomenta la pereza y la indolencia y que en aquél sistema mismo se sustenta y se encarga de fomentar. Un círculo vicioso ajeno a la venia y mandatos del amor que Dios mismo nos encomendó en el origen de nuestra existencia. Por lo tanto, continuamos involucionando y así estamos “felices”. Qué desgracia Dios mío pero así es como percibo nuestra triste realidad actual, y el tiempo me dará la razón. ¿No lo cree usted así amigo lector? Piénselo un mucho. Qué tenga un buen día.

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