Opinión
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Director General - Eduardo Sánchez Mací­as
Miércoles 26 de Abril, 2017

Panoramas de Reflexión

Luis Humberto

 

 

Crisis mundial o Efecto Pigmalión

 

            “Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora mayor que tiene dos hijos, uno de 19 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde: -No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.

 

            El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice: –Te apuesto un peso a que no la haces. Todos se ríen. Él se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla, y él contesta: –Es cierto, pero me he quedado preocupado de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo. Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mamá, feliz con su peso y le dice: –Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto. – ¿Y por qué es un tonto? –Porque no pudo hacer una carambola sencillísima, según él preocupado con la idea de que su mamá amaneció hoy con el presentimiento de que algo muy grave va a suceder en este pueblo. Y su madre le dice: –No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen. Una pariente que estaba oyendo esto va a comprar carne y le dice al carnicero: –Deme un kilo de carne, y en el momento que la está cortando, le dice: –Mejor córteme dos kilos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado. El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar un kilo de carne, le dice: –Mejor lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas. Entonces la mujer responde: –Tengo varios hijos, mejor deme cuatro kilos. Se lleva los cuatro kilos, y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata a otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto a las dos de la tarde alguien dice: – ¿Se han dado cuenta del calor que está haciendo? – ¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor! Sin embargo, dice uno, –a esta hora nunca ha hecho tanto calor. –Pero a las dos de la tarde es cuando hace más calor. –Sí, pero no tanto calor como hoy. En el pueblo todos están alerta, y la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz: –Hay un pajarito en la plaza. Y viene todo el mundo espantado a ver el pajarito. -Pero señores, dice uno -siempre ha habido pajaritos que bajan aquí. –Sí, pero nunca a esta hora. Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo. -Yo sí soy muy macho, grita uno. -Yo me voy. Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde todo el pueblo lo ve. -Hasta que todos dicen: –Si éste se atreve, pues nosotros también nos vamos. Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo. Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice: –Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa, y entonces la incendia y otros incendian también sus casas. Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, le dice a su hijo que está a su lado: – ¿Viste mijo, que algo muy grave iba a suceder en este pueblo?”

 

            Esto es lo que en sociología llaman: "La Profecía Auto cumplida" o “El Efecto Pigmalión” En todos los grupos sociales, la tradición cultural asigna normas de comportamiento a las que se espera que se adapten sus miembros. Generalmente implícitas, estas normas imponen códigos de conducta que no es fácil rehuir, por ejemplo, el que una mujer deba tener gestos delicados o que si la familia de una persona es adinerada, entonces esa persona debe vivir en una casa lujosa. Lo que empieza como una imitación por parte de los hijos de lo que hacen sus padres se convierte en su propio modo de ser. Esto quiere decir que las personas adquieren un rol a partir de los demás, y acaban creyéndolo propio. Se puede decir entonces que somos lo que los demás esperan que seamos. El sociólogo Estadounidense Robert K. Merton, en 1948, aplicó este concepto al ámbito sociológico, idea que podría explicar parte de la crisis económica actual. Este autor dice que el miedo a una quiebra bancaria, en un inicio sin fundamento, lleva a que los ciudadanos retiren sus depósitos de dicho banco por lo que, efectivamente, lo llevan a la quiebra. También aplica dicho concepto a los prejuicios sociales desde el mismo planteamiento. Por eso: No hagamos caso del rumor. No seamos un instrumento para crear el caos. Lo negativo atrae a lo negativo. Seamos positivos. Tratemos de construir con visión de futuro y no de destruir lo que tenemos. Si seguimos hablando y pensando en la crisis económica, o en el narcotráfico, en la inseguridad, etcétera, indudablemente esto se hará más fuerte. Pensemos positivamente y tratemos de mantener nuestras mentes siempre optimistas, si hemos logrado sobrevivir muchas catástrofes y hemos salido siempre adelante, ¿por qué estresarnos ahora? Si compartimos todos, una actitud positiva con todos nuestros familiares y amigos, ¡Algo muy bueno va a pasarle a este pueblo! El efecto Pigmalión negativo produce, todo lo contrario, disminución de nuestra autoestima y que el aspecto sobre el cual se produce, se incremente. Si seguimos hablando y pensando en la crisis, indudablemente ésta se hará más fuerte. Agradezco por último a mi amiga Leticia Parra Manterola, el haberme enviado hace ya algún tiempo esta historia atribuida a Gabriel García Márquez la cual comparto hoy con todos ustedes. Que tenga un buen día.

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