Tlapacoyan
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Martes 24 de Abril, 2018

Tlapacoyan en 1870

Luis Hertz, cronista

Crónica Antonio García Cubas

Biblioteca José Vasconcelos (Conaculta)

Resulta evocador y nostálgico el reporte del maestro Antonio García Cubas en relación a sus viajes por la campiña tlapacoyense.

La riqueza biodiversa de nuestro ámbito natural municipal es impresionante en el S. XIX, además de la puntual descripción de las costumbres culturales, nativas y criollas de los antiguos tlapacoyenses, constituyen un acervo generoso, que nos concede el maestro Cubas como un legado espléndido.

TLAPACOYAN 1870

La villa de Tlapacoyan (lavadero) es cabecera de la municipalidad de su nombre, del canton de Jalacingo (Xalatzinco, arroyito de arena), y se halla situada al pié de la Cuesta de Teziutlan á los 19° 58' 14" 44 L. N., y 1° 54' 47" 6 de Íongitud E. de México.

Poco poblada y con unas cuantas casucas presentábase no há mucho tiempo Tlapacoyan, cuyo porvenir se hallaba cifrado en sus ricos elementos agrícolas. Desarrollados éstos, particularmente por las plantaciones de café y de tabaco, adquiere cada día mayor importancia. Las grandes y hermosas hojas de la nicotiana colora las campiñas de un verde intenso, en tanto que el verdinegro cafeto marca las simétricas líneas de su plantación en los planos inclinados de las colinas. Las galeras en que se secan las hojas del tabaco, despidiendo éstas su fuerte aroma, se ven diseminadas en los campos, alternando con los rústicos talleres donde se beneficia y elabora la misma planta.

Tan rica es Tlapacoyan en el reino vegetal como en el animal. En sus montes crece la higuera gigantesca (ficu), la ceiba, cedro (cedrela), la caoba (sivictenia), el encino roble y encinos de todas clases, así como los naranjos, limos, limón real y limoneros. Sus huertos producen zapotes blancos, prietos, chicos, mameyes, cabellos y de otras clases: entre las anonáceas, la chirimoya y la anona amarilla; jinicuíles, grande y chico; plátanos, macho blanco, blanco hembra de dos clases, guineo grande y dominico, morado, amarillo de Costa Rica, manzano, enano, corpulento y chino.

De Tlapacoyan en adelante se encuentran jabalíes de tres clases: el cambamba prieto y grande, de quijada blanca; el común rosillo, y el también borcillo que es el más chico y el más bravo, aunque fácilmente se domestica. Los tres sirven de alimento. El tigre de manchas negras y amarillas, llamado el grande o tigre real: es bravo y carnicero, habita la sierra y los bosques esperos. El tigrillo, de manchas negras, existe en los mismos lugares y se alimenta de gallinas, pavos y tórtolas. Encuéntrense igualmente leopardos, la onza o gato montés, ardillas, tlacoachis, armadillos, mapaches, especie de perros que comen peces y aves, perros de agua, la zonista, especie de tejón y cazadora en el monte como las demás fieras; el tejón y la marta: los venados son de dos clases, el grande pardo, y el temazate alazan; la cuautuza ó tuza real, que llama la atención por su pintada piel, de circulitos blancos en líneas paralelas á lo largo de su piel; y por último, no escasean las comadrejas, conejos, monos, etc.

Cuéntanse entre las aves, el papan común, papan real (estinops Moctezuma), pico de canoa, pito real, urracas, tordos, faisanes, penélopes, entre las que se encuentran el cojolite, chachalacas, perdices, clarines, tzentzontles, primaveras, especie de tórtolas cantoras, palomas, gallinas moctezumas, auruas, zopilotes, patos, quebrantahuesos, gavilanes, aguiluchos, lechuzas, tecolotes, garzas, cocos blancos y rosados, pájaros verdes y otros muchos.

REPTILES.- La más venenosa de las culebras llamada Nauyatl, víboras de cascabel, boa voladora, llamada así por su costumbre de andar por las ramas de los árboles, confundiéndose muchas veces con los bejucos, es pinta de negro y amarillo, y llega a crecer cuatro varas; la mazacuatl, más gruesa que las anteriores, coralillo, bejuquillo, que es sumamente delgada y larga, culebra prieta y culebra de agua; escorpiones, iguanas, etc.

Vista la población de Tlapacoyan desde alguna colina, ofrece el más delicioso aspecto. Sumergidas sus casas entre el follaje de los árboles, apénas se descubren los techos de algunas calles cercadas por la muy original planta llamada pochiche y por los floridos árboles de Piocha. El pochiche es un árbol sin follaje durante la eflorescencia. En cada extremidad de sus ramas brota una flor amarilla, de la forma y tamaño de la dahalia, y cuando acaban las flores, el árbol se cubre enteramente de follaje. La sierra de Teziutlan, con sus avanzados centinelas, los dos cerros, se levanta imponente al ocaso de Tlapacoyan, miéntras que por el Norte y Sur limitan el valle las eminencias cuyos piés bañan los rios María de la Torre y Bobos. Por el N. E. se dilatan sus horizontes hasta el mar, extendiéndose sus ricas vegas, y distinguiéndose en elevada posición la hacienda del Jobo.

Si ante la vista de tan bello panorama se siente embriagada el alma, mayores encantos y sorpresas preparan al ávido viajero los alrededores de Tlapacoyan. A cuatro kilómetros del sur de esta población se encuentra el pintoresco pueblo de Tomata, con su rústica capilla, á la cual sirve de campanario una pequeña torre improvisada con troncos de árbol. Desde Tlapacoyan al pueblo se camina por un sendero cercado por árboles de piocha que, cargados de flores, embalsaman el ambiente, dejándose ver por el lado opuesto á la florida cerca, la pintoresca, profunda y frondosa cañada que forma el lecho del rio de Bobos. Dos lugares, por la suma belleza de su paisaje, obligan al caminante á detener su marcha: la cañada del Salto de Tomata y el plan de Totoapa.

Para poder admirar en toda su grandeza la caida del agua, preciso es descender de la montaña al plano superior del rio de Bobos. El agua pierde su nivel á veinte varas de altura, y se precipita en una cuenca. Elevadas rocas basálticas, acantiladas y desnudas, se extienden en círculo á uno y otro lado del Salto, formando en el extremo opuesto una abertura natural, y ofreciendo notable contraste, por su oscuro color, con el fresco manto de verdura que reviste la parte superior de las eminencias. Un abundante y ancho torrente cae con rapidez y agitado como un raudal de plata fundida, que hace elevar el agua después de su caída, en menudas partículas, formando una niebla que en parte oscurece aquella cuenca.

Encerrada el agua en el fondo de ese vaso cilíndrico natural, forma un lago que participa del agitado movimiento del torrente, formando pequeños oleajes que se estrellan contra los rompientes de los basaltos, y luego se desliza tranquilamente por la abertura natural ya mencionada. El plan de Totoapa (pájaro del agua), á poca distancia del Salto, es un bellísimo valle al que afluyen hermosas y pintorescas cañadas. Las montañas que lo forman, de figuras caprichosas, se suceden escalonándose, presentando en su conjunto una deliciosa perspectiva. Un plan con abundante y esmaltado pasto: huertos de café que rodean una que otra: granja: ganados que se ven pacer en la campiña: un rio cristalino que serpea al pié de las montañas: eminencias cubiertas de árboles, plantas y flores, que se retiran gradualmente ofreciendo distintos términos de perspectiva y colorido, y un purisimo cielo, son los elementos de que allí puede disponer un hábil paisajista.

Si de las bellezas de la naturaleza pasamos á los usos y costumbres de los habitantes de Tlapacoyan, mucho hay digno de relatar. Ocúpase una gran parte de aquellos en el cultivo del tabaco y del café y en la elaboracion de puros, y los otros se emplean en el comercio; mas lo que verdaderamente llama allí la atencion es la raza indígena, así por sus costumbres como por sus trajes.

Los hombres, ménos activos é industriosos que las mujeres, se dedican á las labores del campo y visten sencillamente calzón blanco de manta y coton de lana, negro ó café. Las mujeres, mucho más aseadas que los hombres, usan enaguas y quichquemel de lienzo blanco; traje sencillo que convierten en elegante vestido los domingos y dias de celebración de sus fiestas.

Atraen verdaderamente la atención en tales días, viéndoselas errantes por la población, casi siempre acompañadas de dos en dos y yendo y viniendo á la iglesia y á las tiendas, haciendo ostentación de sus primorosos trajes.

Compónense éstos de la enagua blanca terminada en una faja de cuadros azules ó rojos y de un elegante güipil que desciende en airosos pliegues hasta la rodilla, y el cual se ve curiosamente adornado con tejidos de cordones y cintas de diverso color que forman las mas vistosas labores. Hilos de rosarios rodean sus cuellos, no siendo aquellos otra cosa que unos collares de coral, de cuentas, de chaquira, y de pequeñas' monedas de plata, en tanto que adornan sus orejas largos pendientes de metal sobredorado, y por último, el mastahual, redecilla de cintas, recoge las bien tejidas trenzas de su luciente y negro cabello que tan bien cuadra á la limpia y morena tez de su rostro.

Cuando eran permitidas las demostraciones externas religiosas, esmerábanse los hambres, para la festividad del Corpus, en el adorno de los palos de tarro (bambú gigantesco), empeñándose cada cual en superar á los otros  en las dimensiones del bambú y en el gusto de los adornos.

Los novios colocaban en la extremidad del tarro una muñeca, en representación de su prometida, haciendo por ese medio, gala de su conquista y público su regocijo.

Conservase entre estos indios una costumbre esencialmente oriental. Acatan y respetan los deberes naturales de la mujer, tanto que en sus casamientos descubren si ésta ha sabido ó no guardar la pureza de sus costumbres, lo cual influye de una manera decisiva en el aprecio ó desprecio de su persona.

En el primer caso, se procede en la tornaboda á la gran fiesta y baile del tehuacanzi, en el cual tiene una parte muy importante el ramillete del zempaltxcohitl. En el transcurso de la fiesta, báilanse, enfrente uno de otro, el ramo y el coconete, que es un mufleco de cera que allí se introduce con el intencional objeto de indicar á la mujer la ley de su destino. Distribuyese el axole, que es un atole de maíz y de cacao, de que todos gustan, y después de las mayores demostraciones de regocijo concluye la fiesta retirándose los consortes; ella honrada y querida y él contento y satisfecho.

En el segundo caso se suspende el baile del coconete, y al distribuirse el axole, ofréceseles á la novia y al padre de ésta en una jícara perforada en el fondo, de tal suerte que al tomarla aquellos en sus manos, el líquido se escurre. El padre y la hija saben lo que esto significa, y ambos se retiran, bajo la impresion más desagradable, á ocultar su afrenta en su humilde hogar.

El clima de Tlapacoyan es cálido, marcando el termómetro á las dos de la tarde y á la sombra 28° c.- Su altura sobre el mar es de 472 metros 90.-Poblacion 1238 habitantes. Un cordial saludo...desde Tlapacoyan Veracruz "La tierra del encanto".

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